Sing Street de John Carney

John Carney, responsable de la entretenida y melancólica Begin Again, nos trae su última carta de amor a la música popera de los ochentas, envasada en una comedia romántica con mucha fibra debajo de su envoltorio.

Dublin, Irlanda, justo en mitad de la década de los ochentas. Richard, arquitecto y padre de familia, convoca a una reunión familiar. Su matrimonio anda mal y las cuentas lo sobrepasan por lo que ha decido enviar a su hijo más joven Conor a la escuela católica de Synge Street para solventar gastos. El hermano mayor de Conor, Brendan, ironiza con el cambio de escuela y con el estado general de la unión familiar en el que están, donde sus padres se la pasan discutiendo y fumando.

Conor se presenta a la escuela, compuesta de un alumnado de solo hombres y dirigida por el estricto hermano Baxter. La escuela representa un cambio de realidad para Conor, que ahora se encuentra en un entorno hostil en todo los sentidos: sus compañeros son en la mayoría inadaptados sociales y la única figura de autoridad a la cual recurrir es demasiada estricta para apoyarlo. En este ambiente agreste conoce a Raphina, una joven rebelde con aspiraciones de modelo de la cual queda perdidamente enamorado.

Para poder conocerla mejor, Conor se inventa una banda ficticia, invitado a Raphina a que participe en la grabación de su primer videoclip. Para su sorpresa, la joven acepta, obligándolo a crear la dichosa banda en tiempo record.

Más allá de lo repetida y melosa que puede sonar la trama principal de Sing Street, la película maneja mucho más de lo que uno puede llegar a adivinar. Adaptar la historia a las calles de Dublin sirve a múltiples propósitos: en esa época el desempleo era alto, por lo que la sensación de vivir en una ciudad sin futuro era grande y como escenario presenta calles agrestes y grises, sacadas de esos videoclip del rock ochentero que aun vemos gracias a la nostalgia.

Así nos sumergimos en una historia que nos mueve a través de un aprendizaje, viendo como los personajes maduran y terminan buscando algo mucho más grande que el amor de toda la vida.  Carney usa como analogía, de forma muy hábil, los diferentes estilos musicales de esta banda amateur, pasando por distintas influencias –desde Boy George, The Cure, Duran Duran, etc- hasta al final encontrar voz propia y motivos para seguir mas allá de los limites de Irlanda, evitando el estancamiento tanto como musical, como emocional y aspiracional.

Carney maneja el drama familiar de forma muy sutil, situando casi todas las peleas fuera de cámara, pero siempre presentes en todo el film, haciendo que la presión de este drama sea más llevadero durante la película. Y esto es porque a pesar de la austera, represiva y trágica de la historia, es el positivismo el que predomina al final. Y eso es muy admirable.

Que no se dejen engañar por la historia principal, Sing Street es un drama que abarca más que el enamoramiento juvenil, es una carta de amor el rock y a los que se arriesgaron al ridículo –y a cosas peores- por sacudirse del polvo y llegar a nuevos horizontes. Denle una oportunidad.

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