Sandy Wexler de Steven Brill

Sé que no alienta mucho por estos días el nombre de Adam Sandler, y estoy consciente de que merece parte del odio de la gente por su no tan afortunadas películas –esto siempre exagerado gracias al anonimato que da internet-  pero no puedo dejar pasar la oportunidad de revisar Sandy Wexler, la última película del actor bajo la plataforma Netflix. Y es que a pesar de lo fuerte que suenen las voces de quejas contra Sandler, Netflix conoce perfectamente los gustos de sus subscriptores. Y es que parece que las humildes joyas que protagonizó el comediante en los noventas siguen siendo del gusto de la gente. Me refiero a películas como Billy Madison, Happy Gilmore o The Wedding Singer y suena lógico, ya con los datos duro, contratar al actor y tratar de que vuelva a repetir su formula. Una vez más.

Sandy Wexler cuenta la historia de un representante bastante particular en pleno Hollywood de los noventas. Un personaje desordenado, mentiroso, con modales de marinero y vestido como un abuelo, pero aun así con un buen corazón. Wexler, a pesar de sus incorregibles errores, posee una mezcla de ingenuidad que evoca cierta ternura en el espectador. Representando una baraja de artistas de lo más variopintos –desde ventrílocuos hasta luchadores- Wexler trata de hacer su trabajo a pesar de su pésimo gusto y su nula compresión del negocio del entretenimiento.

A esto se le sumara la llegada de Courtney Clarke, una cantante que posee el potencial para estar en las grandes ligas y que Wexler tiene la suerte de descubrir. Ambos personajes se unen para cumplir el objetivo de convertir a Courtney en una gran cantante, pero Wexler comienza a sentir algo más por la cantante.

Sandy Wexler se trata de alejar de la comedia tradicional a la que Sandler nos tiene acostumbrados y a ratos lo logra. Sandler sigue haciendo ese acento medio tonto que siempre hace, pero abandona los chistes más escatológicos y no da una comedia mucho más calma y tradicional en cierto sentido. Vale, que hay un par de momentos más “en la clásica” del actor, pero siento que hay mas una intensión de hacer mas una carta de amor que una comedia “mala leche”. Y este punto llama bastante la atención por los recursos que utiliza el film para presentar al personaje, que es básicamente un grupo de estrellas del medio –todas reales- dando su testimonio de que característica más les llama la atención del personaje. Y es aquí donde empieza a colarse algo más en la película.

Sandy Wexler –o al menos algo de su guion- está basado en la vida de Sandy Wernick, el representante de Sandler por años y el representante de muchas estrellas más en Hollywood y es aquí cuando todos ecos testimoniales toman forman en algo más. Porque Wexler en el film toma la forma de un padre amoroso y preocupado, y a pesar de los defectos del personaje, es tratado de forma muy solemne y muy querida por sus clientes, que están consientes que Wexler está lejos de ser el mejor representante,  se esfuerza al máximo por ellos.

Este punto es el más atrapante de la película y el que explica el cambio de tono en la comedia de Sandler, pues al final, es el comediante el que le está regalando este tierno homenaje a la persona que le dio la oportunidad de estar donde está. No es arbitrario que la película se desarrolle a mitad de los noventas. La época donde Sandler nos dio a mi gusto sus mejores comedias: Billy Madison, Happy Gilmore o The Wedding Singer. Como dicen los gringos, “full circle”. O algo así.

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