Rogue One: A Star Wars Story de Gareth Edwards

Siempre he pensado que George Lucas  creó con Star Wars una especie de juego Lego o Mecano, que cualquiera puede usar y crear sus propias historias. Los mundos de Star Wars son piezas que funcionan tan bien como la interprete el que está utilizando el juguete de Lucas y ese es quizás el principal merito de su creación, suficientemente poderosa para motivar tantas historias ajenas a la principal, tanto oficiales como de fanáticos.

Por eso creo Rogue One es una película que si bien no es necesaria, si era esperable que se desarrollase, sobre todo desde que Disney compró la creación de Lucas hace un tiempo.  La pregunta ahora es cuánto está dispuesta la compañía en apostar por un producto que se aleje del blockbuster corporativo que tan bien la he funcionado.  Creo que esa pregunta se responde por sí sola.

No creo que sea necesario desarrollar la trama que envuelve la película, simplemente diciendo muestra como la Rebelión obtuvo los planos de la Estrella de la Muerte da una buena idea de lo medular de la trama. Y creo que ese acotamiento de la historia es su principal virtud y a la vez el peor enemigo del film.

La aproximación del director Gareth Edwards a la saga era necesaria y refrescante en partes iguales. Edwards ha sabido leer bien el manual de Lucas –el manual antiguo, ese que citaba películas de Kurosawa, Western y otros filmes clásicos- y lo ha reinterpretado de acuerdo a sus intensiones como director. Así es como vemos al fin una rebelión que se ensucia las manos con tal de obtener sus objetivos –todo esto encarnado en el personaje de Diego Luna– y somos testigos, aunque sea en un par de tomas, de las consecuencias violentas de esta persecución de objetivos.

Edwards toma inspiración en films de corte clásico acordes a su visión bélica del conflicto entre el Imperio y lo Rebeldes, dando luces de ver The Dirty Dozen (1967), Platoon (1986) -o acaso pensaron que la presencia de Forest Whitaker era  aleatoria-  o la inspiración de filmes como Midway (1976) para las batallas estelares, tal como dictaba el dichoso anual. El conjunto da un film interesante en el papel –todos hemos hecho supuestos temáticos alguna vez en el universo de Star Wars– pero el problema recae en que la película de Edwards no termina de apostar por la visión del director. Por extraño que esto suene.

En este punto donde Rogue One baja aspiraciones abruptamente. Como espectadores nos vemos obligados a cortar nuestro interés por la temática bélica/madura de la película cada vez que el film no arroja un cameo de algún personaje ya conocido en anteriores películas. Es como si el mismo film no estuviera seguro de que estamos viendo una historia en una galaxia muy lejana y nos los recuerda cada cierto tiempo, haciéndonos sentir la duda de que si fuera realmente necesario e interrumpiendo lo realmente interesante de la reinterpretación del director.  Lo que es peor, hay decisiones artísticas completamente cuestionables –y que involucran estos cameos- que terminan por echar por la ventana cualquier intento de tomarse realmente en serio lo que estamos presenciando.

Creo que ahí choca la visión de Edwards con lo que espera un estudio como Disney. Y es que seguramente ese acotamiento del que hablaba más arriba haya sido lo suficientemente tentador para hacer que el director apostara por una historia más madura sobre personajes que no son conocidos –ni indispensables en el canon de Star Wars– y donde puedes mostrar más grises o ambigüedades que se ajusten al conflicto bélico. Es decir, disponer de cierta libertad creativa.

Al final, todas las aspiraciones del director por obtener un film más memorable –algo que Star Wars consiguió con su trilogía original- se coartan por esos pequeños momentos que no aportan nada y están ahí para hacer decir al espectador “si, a este lo recuerdo de las otras películas”.

La música de  Michael Giacchino es cumplidora por lo justo y no hay ninguna pieza que merezca ser destacada. No sé si es porque el tono de la película no da para una banda sonora épica –la guerra es sucia y aterradora- y el romanticismo de Williams no calza. Pero tampoco se escucha algo que evoque y acentúe lo que se ve en pantalla. Al final, Giacchino se termina diluyendo en una imitación de Williams que no destaca.

Aun así, Rogue One posee grandes momentos de ese cine bélico que Edwards imprime tan bien, con un manejo de escalas que hace sentido en el universo de Star Wars. Quizás lo últimos 20 minutos son los mejores que se han visto en la saga en mucho tiempo, usando mucha claridad en las escenas de batallas –tanto a pie como en el espacio- y cuidando de que el único cameo que vale la pena, al final pague la espera.

Film entretenido, que si bien no llega a las cuotas de brillantes de la trilogía original –no creo que nada que produzca Disney lo haga, para serles sinceros-  y se siente que alguien trató de salirse del molde y quiso mostrar sus propias ideas. Eso es algo siempre es destacable y que debemos alabar cada vez que podamos, a ver si Disney nos escucha. Si no vamos a recibir el mismo set de Legos todos los años. Hasta que nos aburramos.

Share on FacebookShare on Google+Share on RedditShare on TumblrTweet about this on TwitterEmail this to someone