Logan de James Mangold

Así es como se ve la vida. Gente dándose afecto. Un Hogar. Captura un momento. Siéntelo. Aún tienes tiempo.

– Charles Xavier

Logan (2017) sirve como un punto aparte. No quiero decir punto final, porque realmente a esta altura eso no existe en el cine; pero una película como esta, enmarcada en la moda que es el cine de súper héroes  y que es el más rentable, nos puede dar el suficiente coraje para intentar disfrutar temas distintos abordados en el género.  Sí, estoy consciente de que Deadpool (2016) fue un exitazo y la gente tiende a pensar de que es la responsable de que la categoría de “solo para adultos” puede colarse en este tipo de cine y mejorarlo. Pero Logan como película, trata temas mucho mas de adultos y lo hace de una manera quizás muy pesimista pero muy necesaria, dando una madures a un género que quizás nunca se ha caracterizado por eso y que tampoco se lo hemos pedido como espectadores.

Logan muestra a su protagonista en una situación muy distinta de la que nos tienen acostumbrado: ahora viejo y derrotado, sobreviviendo de la peor forma, a cargo de un Charles Xavier –el Profesor X- que es el fantasma de lo que había sido. Ambos alejados de las grandes urbes por el miedo a la extinción, terminan por pura casualidad ayudando a una jovencita que parece ser la última esperanza de redención de ambos personajes –sobre todo para el mismo Logan– y dar una última batalla por algo que creyeron perdido en mucho tiempo.

Logan bebe mucho de western crepuscular, de esos protagonizados por un personaje roto y destruido, que vive bajo reglas antiguas que los condenan a la miserable derrota. La misma película nos lo refriega en la cara citando a Shane (1953) que es de dónde saca mas temas de forma directa y donde el protagonista tiene demasiadas similitudes con el Logan de Hugh Jackman. La la historia se deshace de cualquier muletilla gráfica del cómic, no hay trajes de expandes o cuarteles secretos, Logan es una aproximación derrotista al género donde nada de eso entra en el mensaje de la misma. Aun así encuentro que James Mangold, el director,  da un mensaje muy positivo a los orígenes del cómic, y de las historias de fantasía en general: quizás no sean realista o maduras, pero es en ellas en donde reside la esperanza.

El film agudiza temas como el paso del tiempo, la derrota y el sobrevivir, acentuando la imagen crepuscular con la que nos han vendido la historia, dejando una atmósfera derrotista, pero emocionante a cada instante. Mangold da un ritmo suficientemente pausado para que podamos digerir los temas que pone –y que repito, son varios- pero no olvida que lo que nos tiene acostumbrado el personaje: sus salvajes escenas de acción y que aquí están potenciadas al máximo.

Pero el núcleo de la película es la familia. Los X-Men siempre han sido familia por sobre cualquier cosa,  y la búsqueda de la familia, ahora que los X-Men no están es clave. Así es como Mangold nos presenta distintas familias –la familia que encuentra en la carretera, Logan, Xavier y Caliban o Logan, Xavier  y Laura y otras mucho mas metafóricas, pero familias al fin y al cabo- y como Logan no termina de encajar en ellas y Mangold llega al extremo de responder de la forma más literal posible la causa: a Logan le es imposible ser parte de una familia por su naturaleza animalesca –marcada por su sufrido pasado- y que la única forma es confrontarse a sí mismo –tanto metafórica como literalmente- y vencer sus demonios para por fin expulsarlos.

Hay mucho que discutir sobre Logan, tanto en interpretaciones –absolutamente todos están sobresalientes- como a lecturas que se le pueden dar a la historia. Pero me quedo con la reflexión final de que el film sabe que llevamos 17 años viendo a estos personajes, en sus altas y sus bajas, y que los sentimos como familia; y ha decidido darles un descanso en su mejor momento y por eso estoy complacido. A veces hay que detenerse y disfrutar el momento. Tal como dice la cita de Charles.

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