Lifeforce de Tobe Hooper

Más que interesante fue el fenómeno de Cannon Films, sobre todo si comparamos su modus operandi frente al panorama actual del cine estadounidense. Porque la empresa liderada por Menahem Golan y Yoram Globus, a pesar de su cuestionable filmoteca abundante en títulos desechables, asentaron el modo en que se hace películas actualmente. Esa que está basada en secuelas inmediatas, ideas que se distribuyen antes de ser desarrolladas y un sinfín de prácticas cuestionables, pero validas a fin de cuentas.

Cannon supo poner en jaque a los estudios grandes, que veían como la gente prefería ese cine tan barato pero entretenido al fin y al cabo. Sin embargo la productora israelí siempre trató de generar contenido variado porque por sobre todo, sus dueños amaban el cine. De aquí salen unos contratos con cineasta tan variados como Franco Zeffirelli, Jean-Luc Godard, Barbet Schroeder o el que nos ocupa el día de hoy: Tobe Hooper.

Hooper, director que había saltado a la fama con la visceral The Texas Chain Saw Massacre volvía a tener control absoluto sobre su obra después de los rumores de los conflictos con Steven Spielberg en Poltergeist. Hooper firmaría un contrato con Cannon Films por tres películas, siendo la primera de ellas Lifeforce.

Lifeforce es una reinvención del mito del vampirismo de la forma más extrema posible, basada libremente en el libro “The Space Vampires” de Colin Wilson, la película muestra la invasión de unos extraños seres que necesitan absorber la energía vital de sus víctimas para poder sobrevivir. Descubiertos en una misión para investigar el cometa Halley, un grupo de astronautas descubren una nave de proporciones gigantes oculta en la cola del cometa. Dentro encuentran tres capsulas que albergan a una mujer y dos hombres y que desecadenaran una vez en la Tierra una de las mas extrañas invasiones. El film comparte mucho más que la simple premisa de “quitar vida para vivir eternamente”, siendo la carga sexual de esta nueva condesa espacial, encarnada por la casi perfecta Mathilda May, uno de sus principales poderes para poder acercarse a sus víctimas. Hooper se vuelve un extremista, llenando la pantalla de desnudos para mostrar el potencial del control sexual de la supuesta villana, dejando varias bocas abiertas en el proceso.

Pero más allá de ser una correcta reinterpretación del vampirismo, Lifeforce posee bastante buenas ideas que Hooper ejecuta a veces bien y otras no tanto. La secuencia donde se descubren estos seres o los momentos posteriores a la autopsia a una de las victimas muestra el buen pulso del director para manejar la tensión, a pesar de que su editor no parece acompañarlo en el ritmo de las escenas. En otras, las ideas de Hooper se van por la borda dado ese mismo extremismo que el director inyecta al film. Porqué  Hooper se compromete con esta trama tan extraña hasta el final, dando un final tan alocado y explosivo, donde en una secuencia Londres se va por el traste por la escalada de infectados que buscan la fuerza vital tan preciada.

Y es aquí donde se nota el empeño de Cannon en respaldar a ciertos directores, practica casi completamente perdida en tiempos actuales donde los hombres con traje y el comité son los que tienen el corte final de cada película. Lifeforce puede ser una locura, pero es una locura muy particular, donde se nota el pulso de su director, incluso dándonos secuencia muy logradas y donde el ritmo de la película es parejo casi en su totalidad a pesar de lo extraño de su núcleo. Ademas quiero mencionar la excelente partitura de Henry Mancini y que Hooper usa sabiamente para inyectar grandeza en los momentos mas logrados del film. Es interesante que el tema mas potente de la banda sonora es el primer contacto que tenemos con la película, testigo de que Hooper sabía que las música de Mancini era tan buena para no perder al publico en los primeros minutos.

La película de Hooper fue criticada hasta la saciedad en su época de estreno y como casi todo lo que estrenó Cannon Films, fue clasificada como lo peor. Si bien la película tiene varios fallos, sobretodo en interpretaciones, no puedo dejar de defender el empeño de Cannon por tratar de brindarnos algo diferente. El único error de Cannon Films fue amar demasiado el cine, abrazarlo hasta el punto de asfixiarlo y perderse en el proceso.

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