JFK de Oliver Stone

¿Qué tipo de paz buscamos? No una Pax Americana, impuesta al mundo por las armas estadounidenses…

-John F. Kennedy

Parece que a estas alturas vivimos atentos a quien gobierna Estados Unidos, y razones no nos faltan. La amenaza del recién electo Donald Trump, quien ya parece haber perdido la batalla mediática en torno a su imagen, nos tiene a todos pendientes de si que este personaje, con ese entretenido peinado, presiones el maldito botón rojo que nos condene definitivamente.

Mas allá de las bromas, cualquier presidente de Estados Unidos es una figura en interesante en sí misma, y no hay figura que se alce por sobre las demás que la del asesinado John F. Kennedy.

Como historia, el asesinato de Kennedy es algo muy complejo de contar, a menos que estés dispuesto a cuestionar la médula de los Estados Unidos. Aquí es donde entra Oliver Stone y su posición como cineasta dispuesto a desafiar el orden imperante y lo más importante: la verdad establecida.

JFK se basa en los libros On the Trail of the Assassins de Jim Garrison y Crossfire: The Plot That Killed Kennedy de Jim Marrs, tomando una fuerte posición cuestionadora ante la Comisión Warren, la única investigación oficial del gobierno sobre el asesinato de Kennedy.

Como protagonista, Stone usa sabiamente al mismo Jim Garrison, un Kevin Costner muy inspirado, y lo muestra tratando de encarcelar a uno de los conspiradores del magnicidio: Clay Shaw, interpretado por un monstruo que es Tommy Lee Jones. Garrison en esa época era fiscal de distrito de Nueva Orleans y le parece inconcebible que haya tan pocas claridad en los hechos en torno al asesinato de su propio presidente. De ahí que comienza a rastrear desde lo más básico de caso, como el autor de los disparos,  con un Gary Oldman metido en la piel de Lee Harvey Oswald, hasta llegar hasta la misma CIA.

La historia maneja multitud de datos: desde lugares, personas, fechas y documentos, dejando poco margen para el error. Y es quizás en el montaje de la misma, donde recae la mayor fuerza de JFK como película. La claridad con la que Stone relata la conspiración y el ritmo de la investigación de Garrison ponen los pelos de punta. No por el hecho de que puedan o no ser reales, si no que están tan claro que parece que todo fuera verdad a pesar de lo confuso que pueda sonar en el papel.

La fidelidad con la que Stone impregna el film, ya sea en su fotografía, las interpretaciones, el uso de la música o la elección de sus actores terminan por vendernos toda la conspiración en el asesinato. Ademas creo que es destacable el hecho de que Stone no eligió actores por sus apariencias, si no por sus capacidades interpretativas. Así tenemos muestra de lo brillante que era John Candy en roles más dramáticos, la eterna pareja compuesta por Jack Lemon y Walter Matthau –y que dan clases en los pocos minutos que salen en pantalla-, un Joe Pesci que se mueve entre la furia y el miedo como pez en el agua o Kevin Bacon completamente transformado en modismos para interpretar a Willie O’Keefe. El cast es tan destacado como interesante y  es imposible no sentirse atraído por una baraja tan buena de actores.

Pero es quizás la lectura que da Stone ante la muerte de Kennedy lo que hace de JFK una película tan interesante. La perfecta ejecución de sus componentes terminan poner el punto final del mensaje de la película: con la muerte de Kennedy, no solo murió un presidente, si no que murió Estados Unidos como nación.

Stone contrapone los ideales liberales y pacifistas del mandatario, versus los nuevos intereses económicos del país y su carrera armamentista. En la visión de Stone, Kennedy muere por tratar de terminar con la guerra de Vietnam, por tratar de hacer las paces con el comunismo, por tratar de terminar las guerras que tanto dinero reportaban a los intereses de privados de los mercaderes de muerte que comienzan a ganar poder dentro del estado. El discurso de John Eisenhower, el predecesor de Kennedy como presidente y que inicia el film, habla de que la maquina bélica del país nunca debe ser más importante que el país mismo, dejando poco espacio para la interpretación de las consecuencias de la muerte de Kennedy. Pero a pesar del pesimismo, Stone deja un rayo de esperanza para las futuras generaciones: la verdad está ahí, solo hay que buscarla. La partitura de John Williams es la que nos hace creer que aun hay esta esperanza y que recae en las futuras generaciones el encontrala.

En resumen, JFK posee un fuerte discurso político, quizás pesimista, pero necesario. La dirección de Stone es inquietante y eficaz, dejando el que es quizás su mejor película. El ritmo de la misma y su factura técnica, como sus interpretaciones me indican que quizás estamos ante una obra maestra. Muy recomendada.

Share on FacebookShare on Google+Share on RedditShare on TumblrTweet about this on TwitterEmail this to someone