Elle de Paul Verhoeven

El cineasta Paul Verhoeven siempre ha tenido un particular estilo al abordar sus historias. Estilo que Hollywood aprovechó en los ochentas, pero que despreció en los noventas. Ya con esa etapa superada, el holandés volvió a Europa, donde nos ha brindado una producción más pequeña, pero igual de intensa. Su última película, abarca una serie de tópicos que son inquietantes e incómodos y que en las manos menos hábiles, habrían terminado en el mal gusto. Pero el director siempre ha demostrado tener un buen ojo y buen gusto en su cine, por lo que nos brinda una interesante mirada social y por supuesto, una critica.

Elle parte con una declaración de principios. Inicia con una pantalla negra donde los jadeos de una mujer sugieren que hay sexo tras la pantalla. Cuando el negro se disipa, Verhoeven hábilmente pone la cámara detrás de una puerta para darnos la sensación de que estamos viendo a escondidas la violación de la protagonista. Desde aquí, la película nos mostrara, pero no juzgara lo que hacen los personajes en ella.

Y es que a pesar de que el inicio escabroso nos pudo dar dos tipo de película –una muy parecida a The Accused con Jodie Foster o derechamente una revancha a la Death WishVerhoeven siente que es más importante analizar sus personajes porque ninguno es lo que parece.  La protagonista, a pesar del hecho inicial, es la que tiene todo el poder en la historia. Es dueña de su propia empresa –en el colmo de la ironía, es una empresa de videojuegos, un medio caracterizado en sexualizar a la mujer- tiene una amiga que a pesar de estar casada, siente un cariño mas allá de la amistad hacia ella, un hijo que es un incompetente y que depende completamente de su madre y un ex marido que no es capaz de superarla.

La protagonista comienza la investigación de quien fue su violador, pero nosotros como espectador, nos comenzamos a dar  cuenta de que ella no cae en la típica moral correcta. Fue víctima o participe de un horrible crimen cuando era menor de edad –lo que le hace tener pavor a la policía- y un montón de otros hechos cuestionable que prefiero no revelar para no hacerles perder sorpresa.

Lo que al final nos deja la película, es una metáfora al poder en todo su espectro: poder económico, sexual, emocional y sobre la vida, que nos hace cuestionar que estamos haciendo como sociedad con dichos poderes. La protagonista los usa para utilizar a la gente a su alrededor y cuando no le resulta, los destruye de alguna forma. Y es que a pesar de que el film se puede sentir en cierta forma feminista –Verhoeven siempre se ha definido así-  nos deja algo muy por encima de cualquier género: es que las personas nos puedes destruir si es que tienen el poder para hacerlo.

El film es muy satírico –muy a la Verhoeven– pero también tiene pequeñas dosis de humor que no alivianan en la justa medida lo que al fin y al cabo, es una crítica a nuestra sociedad y como nos desenvolvemos en ella, a veces aplastado a la gente a nuestro alrededor. El final es claramente ambiguo –otra marca personal del director- y nos invita a discutir y a conversar. Uno de los mayores poderes de cine es el hecho de poder generar preguntas y Verhoeven vuelve a hacerlo como si estuviera en sus mejores días. A decir verdad, creo que estos son sus mejores días.

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