Big Eyes de Tim Burton

El cada vez opaco Tim Burton, ya lejano de sus hitos de los noventa, trata con esta nueva incursión, alejarse de su clásico estilo “neogotico” y apuesta por una historia mucho mas realista; tanto en estética como en la trama misma.

En 1958, una recién divorciada Margaret Ulbrich trata de rehacer su vida tras el fracaso de su primer matrimonio. Junto a su hija, viaja a North Beach, San Francisco junto a su amiga Dee-Ann y donde descubre el mundo de las galerías de arte. Incapaz de vender su arte de la manera tradicional, empieza a hacer retratos a pedido en lugares públicos, donde su estilo destaca por las desproporcionadas miradas que estos poseen.

En esta etapa de su vida conoce a Walter Keane, un carismático pintor que retrata las calles de Francia. Ambos se enamoran y se casan, tratando de vender sus correspondientes obras para mantener a la nueva familia. En un momento Walter, con un increíble sentido de comercialización, coloca sus obras en un Pub local, donde los retratos de grandes ojos de Margaret cautivan. Tras unas cuestionables circunstancias, Walter segura a la multitud que esos retratos son obra suya, mientras Margaret las pinta tras bambalinas. La mentira se hace tan grande como el éxito de las pinturas, por lo que a Margaret, a pesar de sus deseos de contar al mundo la verdad, no es capaz de saltar el mayor bache que esta supone: su propio marido.

Burton cambia radicalmente su estilo y la forma de filmar la cinta. Colores brillantes en una cuidada ambientación de los sesentas estadounidenses se alejan de las formas góticas del director de Alice in Wonderland. Sin duda este es un cambio que hace bastante tiempo el director debió hacer, y prueba de ello es su obra mas personal, Ed Wood, donde también apuesta a un realismo enmarcado en los orígenes de cine Z. Personalmente me gusta esta puesta en escena y el guion aguanta perfectamente sin las excentricidades gráficas del director.

Amy Adams como Margaret muestra un personaje sensible y trancado. Me es difícil dar una critica objetiva sobre Amy Adams por me encanta la personalidad que irradia y creo que es una gran actriz. Sin duda es una buena interpretación, pero puede que a mas de uno no convenza. El que sin duda se roba la película es Christoph Waltz como Walter Keane; un personaje que es encantador a ratos como un monstruo en otros es una gran oportunidad, y Waltz saca provecho de esto.

Una película entretenida y muy distinta del resto de la factura del director. Si están medios cansados del estilo de Burton, denle una nueva oportunidad con esta película, al menos aquí resaltan los personajes por sobre el estilo y demuestra que puede ser un director que maneja actores y no formas.

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